Carta de Andrés Manuel López Obrador a Donald Trump y a la opinión pública:
A los ciudadanos de México y de Estados Unidos
Por el bien de todos, que regrese el otro Trump
Considero de mi deber manifestar de manera abierta mi respaldo absoluto, sin reservas, a la presidenta constitucional de México, Claudia Sheinbaum Pardo, frente a la campaña en contra de nuestro país, alimentada por intereses políticos de la derecha nativa y del extranjero.
Me he mantenido y seguiré en retiro porque ya cumplí con mi ciclo, pero el silencio en este caso significaría no actuar con rectitud y cometer una flagrante traición a la patria que tanto amamos.
Toda la ofensiva desatada en los últimos días sobre el supuesto peligro que representa la delincuencia en México, la migración y el presunto predominio del narcotráfico y de los cárteles que, según propagandistas políticos y medios de comunicación, dominan nuestro territorio nacional, todo esto, repito, no es más que una falacia o pretexto burdo y grotesco de un grupo de políticos e influyentes servidores públicos de Estados Unidos, para entrometerse en la vida interna de nuestra nación, debilitar al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y restaurar el predominio de la oligarquía corrupta y sumisa que imperó en nuestro país en el periodo neoliberal.
Tampoco descarto que el presidente Donald Trump se encuentre bajo una fuerte influencia de halcones y que su actual postura hostil e irrespetuosa hacia México sea el resultado de la manipulación de información proveniente de sus agencias de seguridad y de inteligencia, así como de asesores deshonestos y sesgados de la Casa Blanca.
El Trump que yo conocí no actuaba de esa forma. Con el presidente Trump que traté cuando fui presidente de México mantuvimos una relación estrecha y constructiva. Es cierto que al principio hubo tensiones y amagos de aranceles, pero siempre predominó el diálogo sincero, la buena fe y el respeto mutuo.
Por eso, no deja de extrañarme este sorprendente y drástico viraje. Recuerdo con claridad que el presidente Trump nos respetó como un país libre, independiente y soberano. Logramos, entre otras cosas, sacar adelante el nuevo Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que ha resultado una bendición para el crecimiento económico y el bienestar de los trabajadores de nuestras naciones.
También recuerdo que el presidente Trump nos apoyó con equipo médico —ventiladores— durante los peores momentos de la pandemia del COVID-19. Asimismo, respetó siempre nuestra decisión soberana sobre los recursos energéticos y el petróleo de México, que querían comprometer en el tratado anterior.
Hubo asimismo entendimiento en asuntos de seguridad muy delicados. Cuando las agencias de Estados Unidos detuvieron de manera arbitraria y sin informarnos al general Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa Nacional de México, hablé con el presidente Trump y él, actuando con sensatez y rectitud, ordenó al Departamento de Justicia revisar el caso, lo que permitió que el general regresara a nuestro país, donde se demostró la falsedad de las acusaciones de la DEA. En ese entonces, el presidente Trump demostró que era un gobernante que sabía escuchar y rectificar cuando se cometían injusticias o abusos de poder por parte de la burocracia de Washington.
Incluso en una ocasión el presidente Trump me consultó telefónicamente sobre la posibilidad de declarar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas.
Le argumenté de manera franca y directa que eso significaría una violación flagrante a nuestra soberanía, ya que esa calificación jurídica sirve de pretexto para que las agencias o fuerzas militares estadounidenses actúen de manera directa o ilegal en el territorio de otros países. El presidente Trump escuchó mis argumentos con atención, entendió nuestra postura y de inmediato desistió de esa intención.
Por todo ello, más bien atribuyo el sorprendente cambio de Trump a sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras. Quienes buscan confrontar a México con Estados Unidos están cometiendo un grave error histórico y geopolítico. La vecindad y la integración económica y social entre nuestros pueblos es una realidad irreversible que no puede ser destruida por caprichos políticos o ambiciones electorales.
A la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo le reitero mi más sincera admiración y mi apoyo incondicional. Ha actuado con una enorme dignidad, prudencia y firmeza. Ella representa la voluntad democrática y soberana del pueblo de México, y quienes piensen que pueden chantajearla o doblegarla se equivocan por completo. México ya no es una colonia ni un protectorado; es un país libre y soberano, y así seguirá siendo.
Hago un llamado respetuoso al presidente Donald Trump para que recupere la sensatez, el espíritu de cooperación y el respeto mutuo que caracterizaron nuestra relación en el pasado. Por el bien de la prosperidad de nuestras economías y por la paz y tranquilidad de nuestros pueblos, es indispensable que regrese el diálogo constructivo.
Por el bien de todos, que regrese el otro Trump
